Ni soy el único que exige, ni el único con miedo, no soy el único que grita verdades al gobierno. No estamos solos, aunque la indiferencia nos haya invadido. No somos únicos, porque aunque algunos no piensan por otros, todos vivimos por los mismos latidos.
Razones sobran para indignarse como nos indignamos; muchos dan el todo por el nada, y encima les condenan como alborotadores si resisten. Razones sobran para resistir férreamente en este inmenso infierno adornado con cervezas, novelas, fútbol, entre otras distracciones que para nosotros no representan más que rabia. Razones sobran para no ser un manipulado más, razones sobran para atreverse a asumir cualquier consecuencia.
Las sonrisas de los niños, la piel suave de una mujer. La rabia de los que dan agua aun muriendo de sed. El recuerdo de los estudiantes del 68: la realidad contestada con sangre. Razones son muchas para dejar de ser un cobarde.
